EN EL PASADO DEBATE sobre el Estado de la Nación, el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, anunció a bombo y platillo la concesión de una prestación única de 2.500 €, a partir del 3 de julio, a las familias con residencia legal en España por el nacimiento o adopción de un hijo. Esta medida tiene por objeto incentivar a las familias para aumentar la población porque, según la vicepresidenta primera del Gobierno, Fernández de la Vega, el Gobierno se ocupa y preocupa de las familias…
Veamos. Si se quiere fomentar la tasa de natalidad en España, no basta con asignar una prestación única de 2.500 € a las familias por hijo nacido, porque dicha prestación poco soluciona a los padres los enormes gastos que hoy supone no sólo el embarazo y nacimiento de un hijo, sino su crianza, alimentación, vestuario, equipamiento, guardería, etc. Hay que saber que un hijo viene a costar entre 6.000 y 11.000 € en su primer año de vida y se calcula que, hasta los 18 años, la media de gasto es de casi 5.500 € por año. Aun suponiendo que la prestación concedida por Zapatero sea un aliciente para tener un hijo, ¿cómo se las apañará la familia después de ese primer año? ¿Qué ayudas recibirá posteriormente? Así pues, se hace preciso establecer un plan de ayudas a las familias en el que se prioricen políticas de familia, se incrementen las ayudas, se fomente la conciliación familia-trabajo y se establezcan medidas fiscales efectivas. Todo lo demás es pan para hoy y hambre para mañana.
Según los datos del estudio “Las ayudas a los hijos en España”, del Instituto de Política Familiar, nuestro país es el que menos gasto social destina a la familia, ya que la prestación media de la UE para el primer hijo es 3,5 veces superior a la prestación en España (1.023 € de media europea respecto a 291 € en España).
Si en verdad se quiere apoyar a las familias para favorecer la natalidad, entre otras, deberían practicarse las siguientes acciones: incrementar las ayudas familiares extendiendo la paga de 100 € mensuales por hijo menor de 3 años a todas las madres, sean o no trabajadoras; aumentar las ayudas por hijo a cargo hasta los 18 años y reducir la cuantía de los ingresos por unidad familiar para poder acceder a este tipo de prestaciones; que la condición de Familia Numerosa (FN) no se extinga hasta que el último de los hijos cumpla el límite de edad establecido (21 años ó 25 si se encuentra cursando estudios) y el resto no haya superado los 30; reconocer la acumulación de descuentos en transportes, para que el trato preferente que, por ley, corresponde a las FN sea real; promover tarifas especiales para las FN en el consumo de energía eléctrica, agua y el acceso a instalaciones públicas dedicadas al deporte y el ocio; ampliar la baja por maternidad a un año, en vez de las 16 semanas actuales, incentivando a las empresas para que puedan cubrir estas bajas por sustitución con otras personas; fomentar la creación de guarderías públicas subvencionadas, etc. Con estas medidas tal vez podrá conseguirse aumentar la tasa de natalidad en España, que es de 1,35 hijos por mujer, ya que actualmente estamos a la cola de la UE, cuyo índice es de 1,52 hijos y decididamente alejada del mínimo que garantiza el relevo poblacional, que es de 2,1 hijos por mujer.
Por otra parte, también debemos tener en cuenta que el aborto significa en España un 20 % de los nacimientos. Por lo que sólo con que se evitaran esas interrupciones voluntarias del embarazo se conseguiría superar de largo la media de la tasa de natalidad europea.
En conclusión. La decisión de Zapatero de otorgar 2.500 € a las familias por nacimiento de un hijo no es fruto de una política familiar integral del Gobierno, hasta ahora inexistente, sino una medida propagandista y electoralista cuyo objetivo es la captación de votos en las próximas elecciones generales. ¡Mala política esta!
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